Empresas forestales crean alianzas con comunidades indígenas de la Novena Región

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Empresas forestales crean alianzas con comunidades indígenas de la Novena Región

Luego de años de tensiones -con amedrentamientos, impedimento de circulación de vehículos y hasta “retención” de representantes gremiales-, las empresas forestales y las comunidades indígenas de la Región de La Araucanía crearon “alianzas productivas” como una forma de mejorar la relación vecinal y lograr emprendimientos que generen ingresos permanentes para los beneficiados. Cada proyecto implica una inversión que puede ir desde los 3 a los 6 millones de pesos y existe un compromiso de las empresas para entregar acompañamiento y asesoría durante cinco años.
Solo los emprendimientos que financia y acompaña Forestal Mininco en Collipulli, al norte de la Región de La Araucanía, suman más de 200 y superan el US$ 1 millón en inversión. Alfonso Muñoz, jefe del área de Gestión con Comunidades de esa firma, detalla que la mitad de las iniciativas son huertos de frutillas, frambuesas o arándanos -“que son los de mayor rentabilidad”, dice- y que el resto se divide en proyectos ganaderos, avícolas, de servicios alimentarios y de abarrotes.
Lugarda Venegas, María Díaz, Melania Quipallán y José Linqueo coinciden en que tenían “malas” relaciones y “hartas peleas” con las empresas. Explican que los conflictos estaban motivados por “demandas territoriales” y por obtención “de madera”.
Lugarda instaló un restaurante, donde cada día distribuye 90 colaciones para trabajadores de faenas; María tiene un huerto de frutillas, que en su primer año produjo 5 toneladas; Melania y su granja avícola lograrán a fines de año producir 250 huevos al día, y José Linqueo analiza plantar arándanos en un huerto contiguo al otro con frutillas.
El presidente de la Corporación Chilena de la Madera (Corma) de la IX Región, Patricio Santibáñez, explica que en “zonas de mayores problemas sociales se han desarrollado proyectos específicos destinados a generar oportunidades de trabajo”, y agrega que, en paralelo, una de las empresas forestales ofrece en la zona “mil puestos de trabajo para comunidades mapuches vecinas, los que se suman a los de faenas normales, que tienen una fuerte presencia mapuche”.
Otra “alianza” es la que concretó Bosques Cautín, para la plantación de árboles, en terrenos de propietarios mapuches. Juan Alberto Catricura es uno de los dueños del predio Santa Adela de Chol Chol, entregado por Conadi en 2009. Junto a otros miembros de la comunidad, y luego de un proyecto forestal fallido, aceptaron el convenio y hoy tienen 29 hectáreas plantadas. El gerente general de Bosques Cautín, Andrés Edwards, explica que el “Programa de Forestación Mapuche” de su empresa buscó “apartarse de lo asistencialista y plantear un negocio para ambas partes”.
Edwards señala que la figura legal para los convenios es la de “prestación de servicios”, en la cual la forestal “aporta los recursos y el conocimiento y el propietario pone la tierra”. Indica que, luego de doce años, “se reparte el fruto de la inversión, en una proporción que se acuerda entre las partes”, y para “evitar pelearse, nosotros marcamos la división del bosque y los propietarios eligen su parte”. Luego de ello, el propietario deberá eligir a qué empresa le vende la madera.

Fuente: El Mercurio

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