Angélica Tepper: la nueva cara del conflicto Mapuche

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Angélica Tepper: la nueva cara del conflicto Mapuche

Angélica Tepper, la presidenta de la Multigremial de la Araucanía, es la primera dirigente mujer de la contraparte del conflicto mapuche y que no es víctima de atentados. Empresaria hotelera, le pone paños fríos al tema: asegura que los que atacan e incendian de noche, son unos pocos, y no sus conocidos, vecinos, trabajadores y colegas mapuches. “Me dicen que soy demasiado conciliadora”, afirma.

Se escucha un ruido sordo contra la ventana del comedor y Angélica Tepper (55), la dirigente desde hace un año de la Multigremial de la Araucanía, que reúne a todos los gremios que se ven afectados por el conflicto mapuche, parece mirar a través mío.
Me doy vuelta. Hubiera pensado que era una sutil piedra contra la líder gremial saliendo del bosque. Pero no.
–Fue un pájaro que chocó contra la ventana– dice su marido Cristián Gibson, un ex capitán del Ejército en retiro y su socio en hotelería.
–Un pajarón– dice ella sonriendo a su lado, en el rústico comedor de troncos brillantes y pulidos de su Sollipulli Lodge, su empresa en los Nevados de Sollipulli, en la cordillera de Temuco a 5 kilómetros de la frontera con Argentina.
Esos accidentes ocurren a menudo: hay un bosque de araucarias salvaje y milenario que rodea el lodge. El lugar es una de las pocas reservas de araucarias silvestres privadas dedicadas al turismo. Ahí es donde la empresaria Angélica Tepper va a refrescarse los fines de semana de su presidencia en la multigremial.
Pocas personas habrían aceptado ese cargo. Uno creería que es exponerse, que la sitúa en el epicentro de un peligro. Que viviría amenazada. Que los pehuenches (mapuches de la montaña) comenzarían a reclamar sus araucarias y le tomarían su bosque. Pero no, el conflicto está demasiado lejos. Todavía.
–Es que esa es la cuestión –dice Angélica– son unos pocos, que atacan de noche, iglesias, maquinaria en caminos solitarios, gente indefensa, no son una mayoría que se hagan notar. No son mis conocidos mapuches. Ni mis vecinos mapuches. Son unos pocos que se arrogan el nombre de todos.
Angélica Tepper es la primera dirigente mujer de la contraparte del conflicto mapuche y que no es víctima de atentados. Antes fue presidente de la multigremial por 3 años el agricultor Emilio Taladríz, propietario de un fundo en Vilcún que fue atacado en varias ocasiones y su casa incendiada. Por otra parte, está la agrupación Paz en la Araucanía que dirige el también agricultor Juan de Dios Fuentes que ha sido 24 veces atacado, hasta a balazos, en su fundo en Ercilla. Y la agrupación Mujeres por la Araucanía que también lideran e integran víctimas de atentados incendiarios y ataques.
Angélica Tepper fue elegida por el directorio de los 7 gremios que conforman la multigremial: agricultores, comercio, construcción, salmoneros, industriales, forestales y hotelería. Es empresaria hotelera desde hace 32 años cuando su padre Ernesto Tepper le dio la administración del Hotel Bayern (Baviera) cerca del centro de Temuco. Los Tepper fundaron el primer cine-teatro en Temuco y tuvieron una enorme botillería muy famosa porque importaba vagones de tren llenos de whisky.
En el subterráneo del Hotel Bayern, donde la encuentro haciendo altos de boletas y facturas, hay colgada tras suyo en la pared, una escopeta. En su cabaña en Sollipulli tiene otro par en el living. Hubiera querido fotografiarla delante del pintoresco armamento pero habría sido una mala jugada. No es su estilo, todo lo contrario.
–Me acusan de ser demasiado conciliadora, demasiado blanda. ¡Porque yo me formé así! Siempre he compartido con muchos mapuches. De chica fueron mis amigos, mis vecinos, son ahora mis trabajadores, mis colegas, ¡Hasta la profesora de mi hija en el Colegio Alemán era mapuche! Un amor…
Se trata de la miss Cecilia Quilaqueo, por años profesora de los terceros y cuartos básicos. Ahora reside en Valdivia.
Incluso la llaman mapuches a la multigremial, no para amenazarla, sino para pedirle que intervenga ante una universidad, para conseguir una beca indígena que niegan, pidiendo un
inexistente certificado de un lonco.
Una de sus secretarias del Hotel Bayern es mapuche, Sandra Ñiripil. Tres de sus trabajadores del lodge son mapuches. Pasamos a recoger a una, Ana Clafuyán. Se sientan en el asiento trasero a copuchar los enredos políticos de Melipeuco.
A pesar de ser la cara visible –por el lado gremial– de este problema de mil caras, Angélica trata de poner paños fríos a la intolerancia y la discriminación al tocar el espinudo tema.
–A veces siento que se está volviendo cada vez más recalcitrantes, cada vez más frontales. Siento que está creciendo la intolerancia cada vez más. Y es peligroso. Porque no somos nosotros los que debemos parar este problema, es el Estado. Son los gobiernos.
Olor a camuflaje
La Araucanía es la región con más caminos en Chile: 12 mil kilómetros. Es un verdadero entramado. Tiene más del doble de caminos que cualquier otra región. Van de sur a norte, de cordillera a mar. Muchos dan vueltas, giran, se cruzan. Y, simbólicamente, muchos también terminan en ninguna parte; 9 mil km de camino son de tierra.
En uno de esos tantos caminos rurales, esa noche, incendian en forma simultánea dos camiones y una bodega en los campos de Collipulli. Pronto se le llena el Whatsapp a Angélica: tiene 315 mensajes. Imposible leerlos todos. Empieza a ubicar el lugar, y pide señas. Ya pronto la llaman por declaraciones.
–Uno ya debe recomendar que no hay que aventurarse por el campo de noche –explica. –Hace poco, a un agricultor amigo mío, yendo a una cena en Vilcún le cayó un tronco delante. “¡Chuta!”, dijo, “¿qué es esto?”. Empezó a retroceder. ¡Cayó otro tronco atrás! Se vio muerto. ¡Imagina lo que es! Así es que puso la tracción y rompió un cerco y arrancó como pudo.

“Uno recomienda que no hay que aventurarse por el campo de noche. Hace poco, a un agricultor amigo mío, yendo a una cena en Vilcún le cayó un tronco delante. ‘¡Chuta!’, dijo, ‘¿qué es esto!’. Empezó a retroceder. ¡Cayó otro tronco atrás! Se vio muerto. Así es que puso la tracción, rompió un cerco y arrancó como pudo”.

A muchos de sus amigos y conocidos los han atacado. Había estado con los Luchsinger-Mackay, la semana anterior a su muerte, en enero de 2013. Los conocía por su padre. Y, sin ser amigos, se visitaban por distintas razones.
–Ellos no vivían amenazados, era más el primo. Realmente eso fue un antes y un después en este tema. Ahora uno teme que pueda seguir muriendo gente inocente.
También conoce a la familia Villasante, unos agricultores de Lanco que, pese a estar bajo protección policial, han sufrido una seguidilla de atentados incendiarios y disparos. Dos días antes de esta entrevista murieron dos carabineros custodiando un fundo en Freire, al sur de Temuco.
No quiere ni imaginar lo que sería que muriera un turista en algún incidente del conflicto mapuche. Dañaría todo el rubro, casi la única tabla de salvación comercial que va quedando para la región.
–Hace un tiempo le dispararon a un bus en Collipulli. Todo el tiempo los apedrean. Si le disparan a un bus con pasajeros en Santiago aplicarían ley antiterrorista de inmediato, investigarían, encontrarían huellas, ADN. Acá nada. ¡Acá la fiscalía recién publicó un protocolo para levantar pruebas en atentados! ¡Y hace poco, Carabineros removió al general que con tanta pompa habían traído en marzo! Vuelta a empezar de cero.
Ya se cuenta una docena de atentados a buses y vans con pasajeros. Desde un atentado a tiros contra un bus que iba a Lican Ray y donde a la jueza Karen Atala le pusieron una pistola en la cabeza, hasta otros que han sido quemados. Ninguno tiene acusados.
Trimestralmente, desde 2009, la multigremial publica el “Barómetro de conflictos de connotación indígena”. Una estadística de los casos denunciados en las fiscalías en toda la IX Región que antes hacía secretamente la Conadi con fondos alemanes. La multigremial contrató a la trabajadora social que lo diseñó y ahora lo hacen público.
Según los “Barómetro…” desde 2014, el conflicto mapuche se ha extendido al Biobío y desde 2015 hasta Los Ríos. Van más de 1200 atentados en 6 años. Y solo el 3% de los casos tiene imputados. 57% fueron ya archivados y el resto, aunque permanecen abiertos, solo acumulan polvo.

2

Al entregar el último barómetro, en un power point un mapa de las regiones VIII, IX, XV y X se va llenando de circulitos rojos de atentados, incendios y ataques. Parece una mancha voraz que va creciendo y nada detiene. Lo curioso es que a nadie parece importarle demasiado. Los periodistas locales le piden a Angélica que repita las horripilantes estadísticas en sus declaraciones, para que queden bien grabadas, como si se tratara de lo más normal del mundo. Ventas de Halloween, o número de nacidos vivos.
–¡Y lo que pasa acá no es normal! ¡Es terrorismo! –dice Angélica–. Miles de atentados. Miles. Y el gobierno no quiere admitir que se le está escapando de las manos. ¡Ya no solo es el conflicto de La Araucanía, sino desde Concepción hasta Osorno!
Su solución: aplicar estado de excepción en las zonas en conflicto. Militares a la calle. A custodiar caminos, escuelas, reconstruir iglesias.
Le comento que los estados de sitio traen malos recuerdos y tienen mala prensa. Que podría ser contraproducente, cascos con rucas de fondo, huele a Chiapas, a selva, a país con guerrilla. Chile retrocedería en todos los indicadores a país bananero. Pero ella no les teme a las apariencias, quizás está más acostumbrada a los militares que el resto.
Al dejar Pedagogía a medias en Concepción, se casó muy joven con el ex capitán del Ejército Cristián Gibson. Vivieron en Copiapó, Rancagua, Tierra del Fuego. Le tocó ser la esposa dedicada a sus dos hijos (hoy de 28 y 26) mientras su marido marchaba de casco ante Pinochet, tratando de hacer el paso ganso con un viento patagónico que casi lo derribaba. Hasta que en 1984 se cansó de marchar y ambos dejaron toda aquella vida y se radicaron en Temuco y se dedicaron a la hotelería con viento mucho más favorable. Crecieron y ahora tienen, además del Hotel Bayern, el Sollipulli Lodge en la cordillera.
–¿Sinceramente cree que aplicar estados de excepción solucione algo? ¿No será echarle bencina al problema?– le pregunto.
–Peor es no intentarlo. No hacer nada. Porque en 10 años de atentados ya he estado en unas seis mesas negociadoras, mesas de trabajo, la comisión Aylwin, acuerdos regionales. Y nada.
Detrás de su escritorio tiene una foto en La Moneda, durante la entrega del Plan Nacional para la Araucanía durante el primer gobierno de Bachelet en 2009. Papeles que se llevó el viento. Con Piñera participó en otra comisión. Nada. En este gobierno ya se sentó en la mesa, todavía no sale ni la carpeta para guardar.
–Por eso para mí –nosotros, corrige– la solución sería aplicar estados de excepción. O te quemas o te llenas de gloria –dice mostrando la foto–. Esa es mi idea. Imagina lo que sería para un Presidente solucionar el conflicto mapuche.
No sé si estoy loca o qué, pero no veo la gloria por ninguna parte. Solo sangre y destrucción y, en vez de hoyos de bala, hoyos de cañón.

Opiniones encontradas
En la vereda de las víctimas y los afectados directos por el conflicto mapuche, difieren bastante de Angélica Tepper. Quisieran que la dirigente fuera más directa y separara aguas. Juan de Dios Fuentes, de Paz en la Araucanía, explica:
–Con todo el cariño y respeto que le tengo a Angélica, acá necesitamos separar aguas. O estás con unos o con los otros. Pero ya no se puede seguir siendo intermedio, como las mesas negociadoras con el gobierno o conciliando… ya se terminó esa etapa.
La opción de Juan de Dios Fuentes, sin duda, está más clara. Le han quemado el fundo. Ha sido amenazado, le han disparado. En marzo, en su fundo en Ercilla, organizó una marcha con pancartas y poleras con el logo de Paz… y al cinto, llevaba una pistola automática.
Él cree que la multigremial solo se dedica a llevar la estadística sin ponerse los pantalones. “¿Un paro, banderas negras? Imposible”.
Y a Angélica, en particular, cree Juan de Dios que le hace falta conocer el detalle de la problemática antes de opinar. Para él hay que derogar la ley indígena, derogar el convenio 169 de la OIT, (que garantiza la consulta a los pueblos originarios) y hacer inteligencia e intervenir las comunidades conflictivas.
Para él los estados de excepción ni siquiera servirían porque son eso: una excepción. Para él deberían ser permanentes. Y con los mapuches ni a misa.
Al otro lado de la moneda, en la ocasión que puede Angélica Tepper machaca con su propia visión del tema. La acompaño a una –fracasada– reunión sobre un –fracasado también– diseño de un logo para La Araucanía de la Fundación Imagen Chile y al discutir las frases y símbolos del dibujo, dice:
–Yo creo que debe estar la araucaria, el kultrún, los volcanes también. Todo lo étnico. Pero no la palabra fuerza (el proyecto decía, Araucanía: fuerza, inmensidad y vida) porque en alemán recuerda al “Kraft durch freude” el lema de los nazis. A los turistas alemanes no les gustaría nada.
Y a muchos chilenos tampoco.
Otro empresario turístico recuerda el eslogan de Colombia: “el temor es que te quieras quedar”… opina que se podría inventar algo relacionado con la seguridad…

La solución que plantea Angélica es poner estado de excepción en las zonas críticas y colocar militares en los caminos, escuelas e iglesias. “Peor es no intentarlo. No hacer nada. Porque en 10 años de atentados ya he estado en unas seis mesas negociadoras, mesas de trabajo, la comisión Aylwin, acuerdos regionales. Y nada”.

Angélica no cree que todavía esté el pan para bollos. No se puede vender La Araucanía como la región segura, si es insegura. O la región donde queman camiones. O donde se matan agricultores. Por un lado lo étnico es estético, a todos les gusta el kultrún, la araucaria, la ruca, las joyas de plata, pero por otro lado, no quieren que eso se convierta en un símbolo político.
–La gente se siente atemorizada. Por ejemplo, hacia el sector de la costa (Tirúa, Budi, Teodoro Schmidt) la gente ya no invierte en turismo. ¡Cómo va a invertir, si todo el día están quemando camiones cortan los caminos, hay asaltos! Pronto nadie va a ir para allá.
Y vuelve a insistir:
–¡No son los mapuches el problema! ¡No es LO mapuche! Hicimos una encuesta en la multigremial en las comunas con más atentados. La gran mayoría está en desacuerdo con la violencia. Vaya a preguntarle a los propios mapuches si están de acuerdo. Ninguno. Yo no tengo ningún problema con los mapuches. Tengo trabajadores mapuches. Ellos, como yo, quieren vivir en paz.
–¿Entonces?
–Son unos pocos delincuentes que se arrogan representar al pueblo mapuche. Eso es. Que quieren sembrar el terror por sus propios intereses políticos. Me daría lata que la gente viera un kultrún y en vez de sentir interés por el turismo, la comida, o qué sé yo, sintiera temor. No podemos permitir eso. Sería nefasto para la región, para el país.
Añora esos años de su infancia donde vivía en paz. Jugaba con niños mapuches nietos de los vecinos de su bisabuelo Julius Tepper y con quienes juntos, codo a codo, forjaron gran parte de esa ciudad hace apenas 150 años. Esa es la forma de vida que aprendió. Mapuches y colonos y chilenos viviendo en paz y trabajando codo a codo. Ella le enseñaba a contar en alemán a su nana y ella en mapudungún. Sabía algunas palabras que ha olvidado.
Les pregunta a sus trabajadores en el lodge, Óscar Huenchumir y Ana Calfuyán:
–Vivíamos en paz. ¿No es cierto, Óscar? Ana, ¿no es cierto?
Y los pájaros siguen chocando contra su ventana. No son puños levantados ni gritos de odio. Son solo pájaros silvestres, salvajes, que salen del bosque y se arrojan con fuerza contra la ventana. Paf.

Fuente: Revista Paula

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